Una Sociedad Responsable

Por jesusbatista - Lun jun 27, 10:12 am

Por: Jesús Trevizo Gutiérrez

En su documento sobre la situación de violencia e inseguridad en nuestro país, el Episcopado Mexicano afirma que la responsabilidad de responder a los desafíos que presenta este problema es de todos los mexicanos. Por ello nos exhorta a actuar de inmediato, cada uno desde nuestro ámbito de competencia.

Nuestros obispos piensan que es necesario fomentar una sociedad civil que viva una ciudadanía activa; que sea responsable de tutelar y promover los derechos de todas las personas; que invierta en la inserción educativa y laboral de los jóvenes; que participe en la búsqueda de soluciones para los problemas que afectan a todos, promoviendo el bien común; que apoye la construcción de una sociedad segura y sin violencia.

Esta sociedad civil responsable no surge en forma espontánea y debe formarse para tener conocimiento de la realidad, responsabilidad social y compromiso con la justicia social. En ello será importante la participación de los creyentes, quienes, con base en la doctrina social de la Iglesia, creemos que la situación actual del país puede transformarse. Es necesario que esta sociedad civil tenga incidencia en los ámbitos social, cultural y político, que promueva el sentido de pertenencia al Estado, vigile el desempeño de sus instituciones y utilice el dialogo para llegar a acuerdos.

(Revista Almas, Junio 2011)

La persona requiere participar en la conducción de su sociedad. Tanto como satisfacer sus necesidades elementales, el ser humano o de hoy persigue vivir con dignidad.

Junto a su mejoría económica y a su calidad de vida, la persona que trabaja y contribuye exige participar en el ordenamiento de la sociedad en que vive. Por no comprender esto, quienes tienen la responsabilidad de conducir a las comunidades, han reducido el horizonte de las nuevas generaciones, haciéndola sentir aislados, marginadas y escépticas.

Se vive bajo el dominio de estructuras de nula o poca representatividad, las nuevas generaciones se sienten sólo herederas de un sistema de vida que les fue impuesto, sin disponer de un medio eficaz que les permita intervenir para modificarlo y mejorarlo. Esto ha sido así porque la ciudadanía ha renunciado a su función para exigir y lograr la eficacia del Gobierno.

Muchos creen que sólo deben asumir una función de crítica sin propuesta y sin compromiso; olvidando que sólo se puede humanizar el poder y ponerlo al servicio del ser humano a través de la participación activa de la sociedad.

No conformarnos con un ejercicio mediocre del poder. Debemos lograr que el Gobierno se ejerza guiado por la comunidad, como instrumento suyo para la construcción del bien común.

Los ciudadanos debemos actuar como tales, utilizando los instrumentos que la misma sociedad ha creado; organizaciones de la sociedad civil, partidos políticos y las instituciones del Estado.

Sólo participando en forma activa y organizada la sociedad se apropiará de esos instrumentos y los hará funcionar para los fines que fueron creados.

La crítica individual y la acción política aislada carecen de eficacia en un mundo donde la actividad humana se realiza en grupos.

Nuestra ciudad debe propiciar el desarrollo de las personas. Los habitantes de la ciudad tienen el derecho a una forma de vida que les abra perspectivas de información, de creación, de progreso y de imaginación. La ciudad -como por desgracia ocurre hoy- no debe ser prisión de rutinas insalvables y angustiosas que conviertan a la persona en un ser aislado, temeroso, sin horizontes y sin salidas.

Tiene derecho el ciudadano a que su trabajo, su actividad y su hogar sean algo más que actividades de rutina dentro de un marchar temeroso, interminable y solitario; y reconocerse como más que un número o una estadística.

Una ciudad concebida como aglomeración de individuos cuyo número crece muy por encima de la prestación de servicios y de la seguridad, siempre insuficientes, sin otra perspectiva que una autoridad ineficiente y omisa, no es una ciudad, no será un lugar donde la persona pueda ver satisfechos su derecho de tener una verdadera ciudad.

Por cierto a pesar de los pobres resultados obtenidos por Conago 1 frente a la enorme cantidad de homicidios, robos, secuestros, extorsiones, todos del fuero común, enhorabuena; ya se hacía muy tarde (ocho meses de gobierno) para que se pongan las pilas y conviertan a las ciudades de nuestro estado en verdaderos centros de desarrollo humano en paz, seguridad, armonía y progreso.

La sociedad debe vigilar de los resultados.

trevizto@hotmail.com