Lo prejudicial es perjudicial

Por jesusbatista - Vie ago 13, 11:28 am

Por: Jesús Trevizo Gutiérrez

La experiencia acumulada a través de la historia humana basta para comprobar nuestras limitaciones.

Es decir no somos Dios, sino seres imperfectos, siempre perfectibles, corregibles y mejorables, aunque también por desgracia empeorables.

Por lo anterior, lo legal constituye el nivel mas bajo de la ética, ya que mejor que lo legal es lo justo y mejor que lo justo es lo bueno.

Las leyes marcan el mínimo necesario para la convivencia entre imperfectos; más abajo de la ley está la guerra de todos contra todos, el imperio de la fuerza, el dominio del más fuerte, del más astuto.

De aquí, la importancia del orden legal; del poder legislativo -que hace las leyes- y del poder Judicial que establece lo que es acorde con la ley y lo que no lo es.

En este sentido, no podría hablarse de “Tribunales de Justicia”, ya que éstos sólo dicen lo que es legal, que no siempre es lo justo ni lo bueno.

Sin embargo, el menor rango de lo legal frente a lo justo o a lo bueno, no lo hace despreciable y mucho menos suprimible. La ética debe pasar por el formalismo de las normas. Las leyes no pueden sustraerse a una idea de lo justo y de lo bueno. Se requiere afirmar el primado de la ética.

La ley es criterio irremplazable para la organización racional de la convivencia humana. Gracias a la ley, a su imperio y a sus guardianes la comunidad puede vivir en un verdadero estado de Derecho que evita el que por ambición o por maldad se genere la violencia y las pugnas entre los seres humanos.

Durante siglos los mexicanos hemos vivido bajo una “legalidad” bastante deficiente, no sólo por el modo en que se han hecho las leyes, sino por las formas de procurar e impartir justicia.

La frase que se le atribuye a don Benito Juárez resume muy bien este asunto. “A los amigos justicia y gracia: A los enemigos, sólo justicia”.

Y no hay que indagar mucho para comprobar a ciencia cierta que en México han sido prácticas cotidianas tanto la “judicialización de la política” como la “politización de la justicia” excesos que deberían ser inaceptables.

Con un poco de memoria y de documentos se comprueba que no pocos directivos de partidos políticos u organizaciones sociales que osaron oponerse al poder político del viejo PRI, fueron objeto de acusaciones, denuncias y procesos legales amañados, para difamarlos, inhabilitarlos o hacerles perder tiempo y oportunidad de acción contra el régimen.

Y esto por desgracia, también se da al interior de partidos y organizaciones que alimentan con sus conflictos la voracidad de los columnistas y “seudo analistas políticos”. No se olvida el caso de Juan Blanco y la “siembra” de droga en su negocio por atreverse a disentir del “señor virrey”; perdón gobernador Patricio Martínez o la utilización de la Procuraduría de Justicia como brazo político para destruir sus posibilidades y aspiraciones electorales.

Los casos son muchos a veces, cuando ocurre, la resolución favorable a los arteramente “indiciados” llega tarde, impidiéndoles realizar sus proyectos.

La perversión de la ley y el oportunismo electorero ha enseñado con ostentación y en forma lamentable el cobre.

Es altamente preocupante la terrible combinación que ahora se da entre procuradores, jueces y medios de información -con sus excepciones- que convierten el proceso judicial en una fábrica de “Juicios de papel”, que llevan con frecuencia a “virtuales” condenas prejudiciales; mezcla explosiva que amenaza a cualquier ciudadano que se enfrente al poder.

Si lo “prejudicial” acaba con lo judicial, el resultado es perjudicial para la libertad con base en la ley y para la democracia que puede desaparecer, si se vive en la inseguridad jurídica. trevizto@hotmail.com