La misma gata

Por jesusbatista - Vie abr 15, 11:06 am

Por: Jesús Trevizo Gutiérrez

En su sueño de volver al Ejecutivo federal y a Los Pinos, el viejo PRI utiliza dos estrategias para tratar de engañar a los mexicanos.

La primera estrategia es manipular -para lo que son expertos- las cifras y datos, buscando desacreditar a los Gobiernos panistas, mintiendo y torciendo datos y descalificando al Ejecutivo federal.

Su otra estrategia, igual de engañosa, es hacer creer a los mexicanos que el PRI “ha cambiado” y que aprendió de sus errores; que ahora son unas blancas palomas y que quieren alcanzar el poder con nueva mentalidad y sin los vicios y las fallas que practicaron durante 70 años. Prácticas que a nivel de gobiernos estatales y municipales siguen teniendo por más de 80 años, como sucede en el Edomex y en otras entidades desgobernadas por el “nuevo PRI”.

Sin embargo, el PRI, más que intentar demostrar ese supuesto cambio, sólo pide al electorado que les crea, como si los mexicanos se chuparan el dedo.

Es fácil comprobar que ese famoso cambio y falso mea culpa es como los falsos mensajes en el Internet conocidos como un “bulo” o “hoak”.

Basta dar un vistazo tan sólo superficial a sus gobiernos estatales y municipales y a las conductas de gobernadores y alcaldes y sus gabinetes y el comportamiento y votación en los congresos locales y en el federal, para afirmar que esa película los mexicanos la vimos durante los 70 años del PRI.

La forma en que maneja sus estructuras internas y cómo “elige” a sus dirigentes y candidatos sigue siendo la misma: antidemocrática y autoritaria.

No se puede hablar de un “nuevo” PRI, si se sigue utilizando la estructura del poder y los recursos públicos para coptar el voto y manipular la necesidad de los pobres, enriqueciéndose con actos de corrupción y dispendio; tampoco se puede hablar de un “nuevo” PRI cuando se observa que en los estados y municipios que gobierna, los funcionarios corruptos e ineficientes, siguen impunes, con total opacidad y discrecionalidad en el manejo de los recursos de los ciudadanos como si fueran su patrimonio.

Es muy razonable concluir que por sus vísperas los conocemos; es decir como gobiernan donde aún gobiernan, así lo harán si logran su obsesión de regresar a Los Pinos.

Las quejas, acusaciones y denuncias de la sociedad civil indican que el PRI no ha cambiado; que como partido y como gobierno sigue siendo el instrumento de la antidemocracia, la corrupción y el autoritarismo.

Baste observar los señalamientos que a los gobiernos priistas estatales y municipales ha hecho la Auditoría Superior de la Federación y la Secretaría de la Función Publica sobre malos manejos de miles de millones de pesos, sólo de las aportaciones federales, ya que de los recursos estatales la opacidad y la discrecionalidad impiden conocer con transparencia el destino de los impuestos de los ciudadanos.

No se puede creer que el viejo PRI ya cambió; cuando se comprueba su perversa estrategia de manejar los programas sociales que pagan todos los mexicanos, a través de la estructura priista, tal como lo hacen Peña Nieto, César Duarte y los demás gobiernos priistas que tienen elecciones este año.

Ni se puede creer que el viejo PRI ya cambió, cuando violentando la ley y la equidad fiscal, se entrega a una estructura del PRI -la CNC- (la cual presidió César Duarte) un “pre censo” vehicular para que los dueños de carros “chuecos” circulen con impunidad y los líderes pafos (CNC y Grupo Democrático Campesino) hagan el gran negocio.

Tampoco les creemos cuando el gobernador César Duarte placea al exgobernador Patricio Martínez que tanto daño causó a los chihuahuenses.

Y ¿Hay cambios en sus grupos legislativos? De ninguna manera; en el ámbito de los estados, el PRI, sus diputados y sus satélites siguen fieles a la docilidad y obediencia ciega al Poder Ejecutivo, a espaldas de sus representados. Chihuahua es el mejor ejemplo con relación a la “línea” que marca el Sr. gobernador a sus ocurrencias.

Y a nivel del Congreso federal sucede lo mismo: parálisis, retraso y congelamiento de las iniciativas que el país necesita para su desarrollo y el bienestar de toda la población.

¿Y qué decir en materia de justicia y autonomía del Poder Judicial? El caso Rubí y el de su madre siguen sin castigo; el ridículo juicio político se desvaneció con la simple orden del Poder Ejecutivo, sin que por otra parte se fincaran responsabilidades a Reyes Baeza y a su procuradora, responsables de estos hechos y de la negligencia en el armado de las carpetas de investigación que podrían significar la libertad de más de 200 delincuentes de alta peligrosidad.

Este somero examen de los hechos -no de sus palabras- nos muestra que el PRI sigue siendo el mismo; es la misma gata, nomás que revolcada.

Como dice el Evangelio, “por sus hechos los conocerás”. El PRI, el viejo PRI, sigue siendo el mismo.

No caigamos en la trampa.