La estrategia del PRI para ganar la Presidencia
Por rubitorres - Vie feb 17, 5:13 pm

Por: Arturo García Portillo
Cada vez menos pero aun muchos consideran como alta la probabilidad de que el PRI recupere la presidencia de la república. Y atribuyen esto a la popularidad de su candidato. Pero esa es una visión peligrosamente superficial del asunto. El PRI tiene en sus manos un amplísimo y variado arsenal para combatir en esta elección, y esas armas, a diferencia del PAN, “no son las del espíritu”. Tiene otras; al final sabremos si mejores.
Los priístas tienen el clarísimo propósito de no perder la presidencia de la república por tercera vez. Por ningún motivo y a ningún precio. Subrayo la última parte, porque es literal. La estrategia la tienen clara hace años y la despliegan con la célebre disciplina que los caracteriza.
Solo unos datos para introducir el tema.
1. En 1994, entendiendo las difíciles circunstancias en que se producía la elección presidencial, quienes mandan realmente en el PRI decidieron no dejar nada al azar. Y nada fue nada. El que coordinó toda la operación fue Pedro Joaquín Coldwell, un seguidor del concepto de administración de los detalles, instalado en un bunker dirigió el proceso con la minuciosidad que le caracteriza. El resultado fue la mayor votación histórica para un candidato priísta. Hoy está de vuelta para tratar de conseguir una hazaña similar.
2. Hace muy poco, principios de enero, supe que el PRI tenia instalados tres equipos multidisciplinarios dando seguimiento a los tres aspirantes presidenciales panistas. Por ello saben a detalle de cada uno su historial académico, han elaborado su perfil sicológico, tienen un mapa de todas sus relaciones políticas, en suma una relación de cada hora de su paso por la vida, pública y privada. Ya sólo van a utilizar el trabajo que hizo uno de los equipos, pero nos dice claramente al nivel al que trabajan. No creo que en otros partidos dediquen ni siquiera una sola persona al partido, menos a sus candidatos.
3. Otro de los equipos de trabajo, o línea de trabajo, es la adquisición de líderes de otros partidos, en particular el PAN. Y hay mucho dinero para hacer este trabajo aunque evidentemente del tamaño del sapo es la pedrada. No faltan argumentos para hacerlo, desde los de orden “práctico” (si Peña va a ganar súbete al barco), hasta muchos más pesados. No es un dicho. Sé quién ha ofrecido y a quién le han ofrecido. Aún no parece hayan tenido mucho éxito, pero ya veremos.
4. A los gobernadores priístas les ha ido muy bien en los años de la alternancia. Viven en el mejor de los mundos: con dinero y sin jefe. El presidente de la república no los manda e incluso se dan el lujo de atacarlo casi como deporte al día siguiente de que los haya visitado. En promedio las entidades federativas habrán duplicado sus ingresos del 2000 a la fecha. Y no tienen llenadera, porque aún así están endeudados. Claro, no solo quieren quedarse con la lana de su sexenio sino del que sigue. “De todos modos se lo van a robar”, quizá razonen. El caso es que con tal cantidad de dinero pueden presentarse a cualquier elección sin problema. La de ellos y quizá hacer una buena inversión en la grande.
Pero estos no son sino botones de muestra de situaciones actuales. La historia comienza realmente más atrás.
En el arranque, aquí mismo ya escribí que en mi opinión parte del regreso del PRI es gracias a Andrés Manuel López Obrador, y no podría asegurar que lo haya hecho intencionadamente pero todo indica que así es. Y ahora sigue en esa línea, ahora buscando dividir el voto opositor para que el tricolor gane con la minoría más grande. Un favorcito a los primos hermanos.
El siguiente paso era cambiar la imagen del partido. Dick Morris explica correctamente que una de las grandes estrategias electorales es el cambio en el partido. No se animaron nunca a sustituir nombre y logo, pero optaron por el aggiornamiento, por quitarse esa aura arcaica, antítesis de lo moderno que tan bien se caricaturiza con un dinosaurio. Ahora sus candidatos a cargos ejecutivos son jóvenes, bien parecidos, casi sin carrera partidaria, de modos afables. El resultado a la vuelta de los años es que han conseguido que el PRI sea calificado mejor que el PAN en muchas encuestas, cuando antes era prácticamente sinónimo de corrupción. “Ya aprendimos la lección”, dicen, y muchos se lo han creído.
Luego siguió el candidato. Nada menos que aportado por el célebre “Grupo Atlacomulco”, pero muy a modo para las necesidades actuales. Peña Nieto es alguien bien conocido en la forma como es realmente. Fue funcionario de la administración estatal, coordinador de diputados locales y por ello sabemos que es un tipo especialmente vacío, sin ideas, sin cultura, sin talentos especiales, frívolo, superficial. Rigurosamente cierto. Pero retrata bien. Con ciertos cuidados puede ser suficiente. Aunque ya están saliendo a la luz pública cada vez más datos que ilustran su triste realidad.
Otro elemento de la estrategia es conseguir aliados poderosos. Y sin duda los han conseguido. En todos los ámbitos. Hace tiempo cuando analizábamos el sistema político mexicano veíamos cuales eran los grupos de poder que podían influir en el. La lista era amplia pero no demasiado: los sindicatos, los medios de comunicación, la Iglesia, el ejército, los empresarios, los partidos políticos, las universidades. Ahora ellos tienen aliados en todos estos nodos. En todos. Y de muy alto nivel. Es claro que las alianzas se dan bajo el conocido esquema ganar – ganar. Por ello es muy fácil inferir que en la construcción de estas alianzas hay muchos y muy jugosos premios de por medios. Negocios de cientos de millones. Y no es difícil imaginar qué están dispuestos hacer quienes ven en peligro tales dividendos.
El siguiente elemento es el mensaje. Llama la atención lo articulado que son para salir a medios. Siempre dicen lo mismo, todos. La crítica al gobierno es una línea clara. Entienden bien que toda elección es en alguna medida una evaluación del gobierno en turno, y quieren que esta sea negativa. Cifras de pobres, falta de empleos. Han tenido cuidado de elaborar fino respecto de la seguridad, pero también es parte de ello. Poco importa que ellos mismos han contribuido al estado actual, desde antes de ser gobierno y desde su papel en el poder legislativo y en los gobiernos estatales. Exhibir el fracaso. En contraparte solo ofrecen su discurso ambiguo de siempre, como es evidente al leer el libro atribuido a Peña Nieto, “México la gran esperanza”. El caso es que sus salidas a medios, de todos los voceros, que son muchos, son notablemente coherentes.
Otro componente de la estrategia es el despliegue territorial, la célebre estructura priísta. Sigo creyendo que el voto del PRI tiene un límite, que este anda por debajo de los 40 puntos porcentuales de electorado, y en términos absolutos tenía una caída sistemática, detenida con los nuevos candidatos y la imagen modernizada. Pero ellos se aseguran de llevar a votar a todos sus simpatizantes. Y para ello tienen una intrincada red que llega al nivel de manzanas, con líderes locales fundamentalmente. Esta estructura le cuesta muchísimo dinero, pero es lo mejor que pueden hacer para asegurar su presencia en las urnas. Si a ello le dan un extra con un candidato que atraiga votantes blandos del PAN o del PRD, están del otro lado. Eso se complementa con acciones en la misma línea pero sentido inverso: cooptar representantes de casilla opositores con lo que dejan sin cubrir algunas mesas y ahí meten votos adicionales. Es algo relativamente fácil, pues a diferencia de otros años en que existían las famosas casillas “zapato”, ahora no se nota.
Y como además todo lo anterior no les sirve sino para cohesionar su electorado y quizá ganar un poco más, por debajo de los 40 puntos, entonces decidieron ser ayudado por el peje, como ya fue explicado.
Y aun hay otros elementos del despliegue, es un abanico muy amplio, mas la estrategia de reserva. Pero son recursos extremos. Pero lo único que debe quedar claro en que todo es todo.
¿Qué hay enfrente de esto?
La elección presidencial no será un día de campo. El que Josefina con su nominación haya cerrado la brecha en las encuestas era algo más o menos esperado. Pero para derrotar al PRI hay dos rutas solamente. Una, seguramente puede crecer con votantes independientes y personas que normalmente no se movilizan para votar, mediante un contagio de motivación, entusiasmo, una ola josefinista similar a la de Fox en 2000. No sería nada raro que esto pase, con las propias cualidades de la candidata. Pero no sé si sea suficiente. La otra, no es excluyente de la anterior, es desplegar una operación que reconozca como complicado ganar estos comicios, que no incurra en excesos de confianza, y también cuide los detalles, empezando por encontrar modos efectivos de neutralizar el arsenal priista, aunque sea con defensa, ya no digamos pasar a la ofensiva.
