Reformar a México
jesusbatista | jul 26, 2010 | Commentarios 0
Para lograrlo es menester la lucha, la alegre lucha infatigable que el bien reclama siempre. Despertar conciencias, matar egoísmos y apatías, iluminar indecisiones, mover voluntades, sumar esfuerzos.
Es tarea de todos, hombres y mujeres; en la familia, en el trabajo, en la amistad, en la plática ocasional, en la reunión pública.
Se requiere lograr un plebiscito nacional abrumador en contra del signo negativo, la simulación, la complicidad y la omisión que por desgracia domina y corrompe la vida pública de nuestro país.
Se requiere levantar el signo del México nuevo en este bicentenario y centenario de la Independencia y de la Revolución.
Un México nuevo que haga posible la convivencia digna y, a partir de ella, abrir las puertas para lograr una auténtica reforma económica, social, política y moral que nuestro país reclama y que los mexicanos anhelamos.
No se trata de una lucha de unos hombres contra otros; ni siquiera de un partido contra otro. Esta lucha -obligatoria- es una lucha de todos los ciudadanos, de todos los hombres y las mujeres, jóvenes y adultos, contra un sistema que degrada la vida publica, que empobrece, estanca y debilita a México y que es la raíz de todos los problemas que hoy sufre nuestro país.
No basta ir a votar, a pesar de obstáculos y falsificaciones, demanda además de todos los mexicanos la decisión perseverante de participar en forma organizada en la vida pública como única forma de rescatar y defender lo que es de la sociedad; el derecho a resolver sobre el destino común, la conservación de los bienes materiales, culturales y espirituales que dan sentido y dignidad a la vida personal y colectiva.
México no cambiará mientras no exista una conciencia pública organizada y actuante.
Ninguna fuerza externa podrá efectuar la necesaria renovación de nuestra vida pública, como tampoco cuando esta conciencia nacional esté formada y consolidada ninguna fuerza externa podrá impedir su acción renovadora.
Reformar partidos para que la militancia decida y se acaben las decisiones cupulares y la partidocracia, apoyar realmente a la formación y organización ciudadana, lograr que nuestras instituciones sean cada vez más eficaces y sean sustancia real de la sociedad, para que dejen de ser sólo formalismos y falsificaciones.
Limpiar la vida pública y restaurar el orden y el estado de derecho, la responsabilidad, la aptitud, la transparencia y la rendición de cuentas, para que la autoridad sea misión de servicio y no de opresión, o de medro, para que en ella pueda apoyarse la justicia social, la libertad y la democracia. Por tratarse de la vida comunitaria -no individual- que relaciona necesariamente a la persona con otras personas, la acción no puede ser exclusivamente personal, porque cuando se forma parte del grupo ninguna acción social pierde trascendencia; porque la persona en sociedad depende y disciplina, da y recibe, crea y destruye, puede causar dolor o remediar males y no tiene derecho de cometer absurdos ni de olvidar que sus actos o sus omisiones provocan sufrimientos a otros semejantes.
Los ciudadanos, todos, necesitamos rescatar las instituciones jurídicas fundamentales, darles vigencia con nuestra propia vida, llenarlas nuevamente de “alma”, separar a los que se las han apropiado y las han vaciado de contenido, sin olvidar que las tienen así porque la sociedad las abandonamos en sus manos.
Reformemos a México asumiendo el compromiso de luchar en forma organizada y eficaz por el rescate de nuestras instituciones.
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