Política y deber político

Por: Jesús Trevizo Gutiérrez

Nuestra colonia, nuestra ciudad, nuestro estado, nuestra patria, no están fuera de nosotros; aunque nos trascienden, nosotros somos su encarnación, como lo fueron nuestros padres y abuelos y lo serán nuestros hijos y nietos.

Nuestra patria, nuestra entidad y nuestra ciudad serán tan suficientes, tan limpias, tan claras, tan armoniosas, tan justas, tan libres, como nosotros a través de nuestra participación en la actividad cívico-política lo seamos.

El deber político es inexcusable responsabilidad de todo ciudadano, ya que es un baluarte en defensa de la persona humana, de la familia, del respeto a la vida y de nuestra ciudad, de nuestra fe y de la comunidad de cultura de trabajo de nuestro estado y de la nación.

El deber político reclama el compromiso de colaboración y participación activa y desinteresada; de deliberación justa y sincera, de subordinación de egoísmos y proyectos o preferencias personales a lo superior y más valioso, de indispensable acción conjunta, de disciplina aceptada libremente para lograr el bien común.

El deber ciudadano es un “oficio” a veces complejo y no exento de molestias y de riesgos, entre los que por desgracia aun sobreviven los represores físicos o intelectuales, los mapaches y los simuladores.

El “oficio” ciudadano reclama tiempo del hogar y del trabajo, merma ocasión de otras actividades más placenteras o aparentemente más “importantes”.

Reclama informarse de las necesidades y de los problemas de la comunidad, juzgar propuestas, ofertas y programas; participar en deliberaciones, elevar protestas justas, ser tolerante y hacerse tolerar, tomar decisiones difíciles y por si fuera poco, cuidar el padrón, hacer cola en las casillas, ser funcionario o representante de casilla, cuidar, contar y registrar los votos, ser candidato, hacer campaña; defenderse de actos de parcialidad de los órganos electorales; ser diputado durante 3 años, insistiendo sobre las funciones del Congreso, desdeñando provocaciones y “mayoriteos, denunciando manipulaciones y falsedades contra un muro mayoritario al servicio de otro poder, muro que ni siquiera es de incomprensión o de genuina discrepancia ideológica, sino de sumisión y servilismo y ser alcalde en confrontación permanente ante un Gobierno estatal autoritario y discrecional en la designación de recursos a los municipios.

Este es el oficio que por fortuna aprenden y practican miles de ciudadanos, convencidos de que sólo en este “oficio” se cumple el deber ciudadano y que como todo oficio (dice el licenciado Manuel Gómez Morín), “no siempre parece tarea levantada, se oculta su dignidad a quien olvida al cantero que con los ojos puestos en su trozo de piedra, está labrando la Catedral, o al batidor de lodo y paja que construyó ‘con adobe mexicano’ el prodigio de gracia de nuestros templos”.

Ante el pecado de omisión de la abstención ciudadana, se impone el deber político permanente de la ciudadanía organizada, de la opinión expresada en libertad y en voz alta, para la colaboración y la crítica y no subterránea para la componenda o el fraude.

Un Estado democrático es tan necesario a la vida humana, como a la sociedad misma.

La integración de la autoridad, la fijación de sus límites, la formulación y el cumplimiento de los deberes de la autoridad, la afirmación de los derechos humanos; la formación y aplicación de leyes; todo esto es política y si los ciudadanos, neciamente huimos de la política, ésta nos seguirá, nos atrapará y nos aplastará. Si como ciudadanos no la afrontamos, no la asumimos, no la dirigimos, seremos juguetes y víctimas de quienes lo hagan.

Por eso la mejor aportación y el mejor reconocimiento a los miles de chihuahuenses que en este proceso electoral desempeñaron el “oficio ciudadano” es participar en forma organizada y activa en la vigilancia y exigencia, para que la autoridad cumpla su responsabilidad con eficacia y transparencia.

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LA PATRIA ES LO QUE NOSOTROS SOMOS

La ciudad, la patria, no están fuera de nosotros; nos trascienden; pero nosotros somos su encarnación como lo fueron nuestros padres y lo serán nuestros hijos. Y así, la patria, la ciudad, serán tan suficientes, tan limpias, tan claras, tan armoniosas, tan justas, tan libres como nosotros, con la ayuda de la gracia, lo seamos.

Manuel Gómez Morín

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